Desde el Puente

Cerrando un nuevo semestre sin brotes verdes. Almuerzo en la coope, donde vamos tirando una lluvia de ideas para el editorial de este mes; se van mechando comentarios sobre los bancos y las estafas informáticas, el pasado (¿glorioso?) de elecciones y alianzas, el rol que vamos asumiendo como actores en el devenir político, el involucramiento (o no) en política, la deuda (eterna) y la des-información… La comida avanza y los temas se van enrollando entre verduras hervidas, milangas y puré de papas, entre risas y comentarios serios, y vamos armando nuestro temario. Nos sorprendemos hablando de agendas que no son nuestras, y nos enganchamos en temas que no nos interesan directamente. Vamos reflexionando, mientras la ronda de agua va llenando vasos, sobre cuántas veces al día terminamos naturalizando “economías” y números financieros tan lejos de la gente (¿vieron que ahora hay gente, y no pueblo?). La verdura se va enfriando, pero las pasiones se acaloran; y alguien pregunta por qué debemos estar hablando de un gobierno que demoniza el pasado, pero no se hace cargo de nuestro futuro (y el de nuestrxs nietxs), o de candidatxs tan lejos del sentir y las preocupaciones de lxs que trabajamxs, estudiamxs, y construimos otro mundo, desde la diferencia. Alguien pregunta si hay pan, mientras cuestionamos a este paradigma económico, que claramente tiene su racionalidad en fríos números, que cierran sin importar consecuencias sociales.

Y lo que podría ser una ronda de mate, o una charla de café de sobremesa, va tomando forma de reflexiones, preguntas que no tienen respuestas: ¿qué hacemos cuando nuestrxs representantes nos aprisionan con una deuda a pagar durante los próximos cien años? ¿Qué hacer para no caer en viejas fórmulas y errores que ya hemos cometido como sociedad, en más de una oportunidad? ¿Cuándo podremos fijar nuestros temas, con nuestra agenda, y no con la de ellxs, impuesta además, desde un oligopolio mediático que nos dice qué pensar, que decir y qué no hacer? ¿Es efectivo lo que vamos difundiendo-elegimos-compartimos en las redes sociales? ¿Con quiénes vamos construyendo una opción que de seguro está más allá del consumo solidario? ¿Es entendido esto por nosotrxs y por lxs que nos acompañan? Alguien debe volcar estas reflexiones que al colectivo le importan tratar; de seguro ese alguien, voz de este mes en nombre del colectivo, deberá interpretar estas preguntas, sin poner demasiado su voz, sus demonios, sus maldiciones y sus broncas dogmáticas.

Pareciera que estos temas queman en nuestras manos, como los mates que andan circulando, y no tenemos respuestas, sino más interrogantes. Nos interpelamos antes que nada a nosotrxs mismxs, ponemos en cuestión lo que pensamos, y lo compartimos. Resulta evidente que estamos inmersos en una disputa que a veces no queremos adherir, en una sociedad que juega más a ocultar que a develar, donde el sistema busca despersonalizarnos, o dividir entre unos y otras, binariamente. Entonces: ¿de qué lado estamos los que no queremos ser tratados como números?

Nunca estamos pensando tan solo en “a quién estás apoyando con tu consumo solidario?” sino en algo más profundo pero que nos pega día a día, que nos atraviesa a todxs: reflexionamos cuando elegimos no consumir un producto con trabajo que explota, que contamina, que naturaliza relaciones de servidumbre ; nos replanteamos cada vez que caemos en la trampa de replicar agendas impuestas y sin ponernos a pensar en deudas impagables de cosas que nunca beneficiaran a lxs que más lo necesitan; o cuando nos dejamos seducir por imágenes deformantes de la realidad (y surgen como ejemplo una Venezuela en llamas donde la tele no aclara quien enciende los fósforos; o funcionarios saludando la nada en un acto público, porque lo que sale en la foto o en la pantalla es el saludo de esos funcionarios pero no lxs destinatarixs de esos saludos); repasamos cuando apoyamos irreflexivamente y sin chequear algún “me gusta” en las redes y adherimos sin indagar luchas que no son claras y transparentes. Porque siempre estamos pensando no solo en un hacer cotidiano, ni cómo hacemos para llegar a fin de mes. No estamos pensando únicamente en cómo sumar más hacia este lado, buscando alternativas para un mundo en el que quepan muchos mundos. No estamos pensando tan siquiera en cronogramas de recorridos, entregas, productos y grupos productivos. Pareciera que ya no estamos pensando tan solo en nosotrxs. Vamos levantando los platos y viendo quién los lavará, mientras nos preguntamos si estas preguntas también los atraviesan a ustedes.

El momento del almuerzo se termina, debemos volver al hacer cotidiano… nos quedan preguntas y sensaciones compartidas. No sabemos cómo seguir esta línea discursiva, con tantas preguntas y pocas respuestas… vamos haciéndolas, vamos construyendo pequeñas explicaciones mientras limpiamos la mesa, lavamos los platos, nos va quedando claro que vamos ensayando “posibles” mientras andamos construyendo. Un teléfono suena, solicitando un nuevo pedido, levantamos la mesa y volvemos a nuestra labor.